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Al concertar la operación, el Sr. X (comprador del futuro) espera que dentro de 3 meses el tipo de cambio esté por encima de 0,75, mientras que el Sr. Y (vendedor del futuro) mantiene la expectativa contraria. Si el Sr. X estaba en lo cierto, la cotización estará, por ejemplo, en 0,80, con lo que, de acudir al mercado, habría tenido que pagar un total de 800 euros (0,80 x 1.000 €) para obtener los 1.000 dólares. De esta manera se habría ahorrado 50 euros (800-750). Este beneficio coincide con la pérdida soportada por el Sr. Y, que no habría podido vender sus dólares a 0,80, sino a 0,75.

Por otro lado, si la expectativa correcta era la del Sr. Y, la cotización dentro de 3 meses se habría situado, por ejemplo, en 0,70. De esta manera, habría vendido los 1.000 dólares por 750 euros, obteniendo un beneficio de 50 euros, que coincidiría con la pérdida incurrida por el Sr. X.

Si la cotización coincide con el precio del contrato, ninguna de las partes tendría beneficios ni pérdidas.