Imagina que normalmente tu factura de teléfono suele ser de unos 20€ al mes, pero este mes te ha llegado de 60€ porque has hecho tres llamadas internacionales. Ese extra no es algo ordinario en tu mensualidad, no se repetirá el mes que viene. Tu gasto real, el estructural, siguen siendo los 20€. En la economía, esos 20€mensuales fijos son conocidos como la inflación base, son los que realmente impactan en tu presupuesto a largo plazo, sin importar los gastos extraordinarios que se han hecho en momentos puntuales.
1. La inflación base y cómo determina nuestro día a día
Para entender el funcionamiento de una economía, los analistas y estadísticos dividen el IPC (Índice de Precios de Consumo) en dos secciones. Una es la inflación general, que es la que vemos anunciada en los titulares de prensa, pero, para los bancos centrales, ese porcentaje suele estar sesgado por la volatilidad de los precios. Es por ello por lo que recurren a otro tipo de inflación, conocida como la inflación base, la cual tiene una particularidad. Esta es que al calcularla se excluye deliberadamente a dos grupos de productos que suelen ser más inestables: la energía (gasolina, electricidad, gas) y los alimentos no elaborados (frutas, verduras, carnes frescas).
Excluir estos tipos de productos no es casualidad. Los valores que van tomando el precio de los combustibles o de la carne no dependen tanto de la política económica interna de un país, sino más bien están condicionados por factores exógenos. Un ejemplo de este caso podría ser que, si estalla un conflicto bélico en Oriente Medio, el precio del barril de petróleo podría salir disparado en una tarde, lo cual afectaría drásticamente al precio de la energía. La inflación base se encarga de eliminar esos ‘ruidos’ estadísticos, con lo cual vamos a tener una visión que se deriva de los costes de producción estables, los salarios y, especialmente, del sector servicios.
2. El fenómeno de la ‘viscosidad’ de los precios
Uno de los conceptos más interesantes dentro de la inflación base es aquel que los economistas llaman precios ‘pegajosos’ (sticky prices). Mientras que el precio de la gasolina es extremadamente elástico, es decir, puede subir un 10% un lunes y luego bajar lo mismo el martes, los componentes de la inflación base son mucho más inelásticos, son más lentos de mover.
Cuando el coste de la energía sube de forma sostenida, esta termina afectando el resto de la economía. Esto es lo que se conoce como efectos de segunda ronda. Si una panadería tiene que pagar el doble por el precio de la luz y el combustible de sus hornos durante unos meses, esta eventualmente terminará subiendo el precio del pan. Lo fundamental aquí es que, cuando el precio de la luz vuelva a bajar, el panadero es poco probable que baje el precio del pan. Ese nuevo precio ya se ha consolidado en la estructura de costes.
Estos son los precios ‘pegajosos’, son los que hacen que la inflación base se vuelva más difícil de combatir. Si esta se dispara, significa que la subida de precios ya no se debe a eventos aislados o ‘sustos’ energéticos, sino que estos ya se han incrustado en el tejido estructural del sistema.
3.La brújula de los Bancos Centrales
¿Por qué debería importarnos ese dato técnico en nuestro día a día? La respuesta no se halla en las estanterías de los supermercados sino más bien en las oficinas de los bancos centrales. El Banco Central Europeo (BCE) o la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) tienen un objetivo claro, que es mantener la estabilidad de precios, generalmente fijada alrededor de un 2%.
Sin embargo, los gobernadores de estas instituciones no reaccionan ante cada subida del petróleo. Si lo hicieran, los tipos de interés subirían y bajarían todos los meses, lo cual crearía un caos financiero. Por eso utilizan a la inflación base como brújula para tomar decisiones sobre la política monetaria.
Si la inflación general baja pero la base sigue alta, el Banco Central mantendrá los tipos de interés elevados ya que consideran que el problema no está resuelto. En caso contrario, si la inflación base comienza a ceder, es la señal que los mercados esperan para ver bajadas en el precio del dinero.
Por lo tanto, la inflación base es, en realidad, el indicador que decide cuánto pagas por tu préstamo personal o cuánto rendimiento te da tu cuenta de ahorros.
4. El impacto en el poder adquisitivo y el ahorro
El gran problema que genera la inflación base es que poco a poco va erosionando el poder adquisitivo de los individuos. Cuando servicios como la educación, los seguros o el transporte suben de precio, difícilmente se recupera el valor perdido de ese dinero.
Para quien ahorra, la inflación base es el verdadero rival a vencer. Si tu cuenta de ahorros te ofrece un 2% de interés, pero la inflación base es del 4%, estás perdiendo capacidad de compra real, independiente de si el precio de la gasolina ha bajado esta semana.
5. Conclusión: Hacia una mirada más analítica
En conclusión, la inflación base no es solo una herramienta que utilicen los economistas, sino es la brújula que marca el rumbo de la economía global. Entender la diferencia entre inflación general e inflación base nos permite a los consumidores estar más informados.
La próxima que vez que escuches “la inflación ha bajado”, no te quedes en la superficie, busca el dato concreto de la inflación base. Si esta es alta, prepárate para un periodo de tipos de interés elevados y precios más altos que anteriormente.
BIBLIOGRAFÍA:
Banco Central Europeo (BCE): «¿Cómo se mide la inflación?». Explica la diferencia entre el IPCA (Índice de Precios de Consumo Armonizado) y la inflación subyacente. Enlace oficial.
































































