¿Cómo reportan las empresas la información sobre sostenibilidad? Las claves del informe anual de supervisión de la información de sostenibilidad de la CNMV

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Estefanía Lorente Aguilera
Integrante del equipo de trabajo del Instituto Econospérides y colaboradora del Proyecto Edufinet

El pasado mes de marzo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) publicó su Informe anual de supervisión de la información de sostenibilidad —Estados de Información No Financiera (EINF) o Informes de Sostenibilidad— del ejercicio 2024 y principales áreas de revisión del ejercicio 2025. Este documento es esencial para comprender cómo las empresas cotizadas españolas comunican su desempeño en materia de sostenibilidad y qué recomendaciones se plantean para mejorar la calidad de sus actividades en los próximos años.

Como datos esenciales del informe destaca que, de los 123 emisores analizados, 99 entidades (aproximadamente el 80%) incluyeron el EINF en su informe de gestión. Además, 87 (aproximadamente un 70%) facilitaron datos sobre la taxonomía medioambiental.  Por su parte, todos los informes fueron verificados sin salvedades lo que refleja un avance notable en la fiabilidad y el rigor de la información aportada.

La CNMV, tras una revisión formal acerca del cumplimiento normativo de los requisitos, solicitó información adicional a 17 entidades, y elaboró recomendaciones a otras 16 para su consideración en futuros informes de sostenibilidad. Aunque la mayoría de las respuestas a los requerimientos fueron satisfactorias, el informe señala que aún existen aspectos importantes que deben mejorar, poniendo de manifiesto que cumplir no es suficiente.

Como principales áreas de mejora detectadas por la CNMV para asegurar que los informes de sostenibilidad reportados por las empresas sean más claros, coherentes y verdaderamente útiles, se destacan las siguientes:

  • Modelo de negocio y cadena de valor. Deben describirse con total claridad para entender cómo afectan los impactos, riesgos y oportunidades (IRO) de sostenibilidad a la empresa.
  • Análisis de materialidad. Explicar detalladamente y con mayor claridad cómo identifican los temas materiales y especificar en qué parte de la cadena de valor (operaciones propias o en proveedores/clientes) se concentran los IRO.
  • Alcance del informe. Debe coincidir exactamente con el de los estados financieros consolidados – confirmándolo de forma expresa-. Cualquier exclusión debe ser excepcional y estar justificada.
  • Estructura del informe. Se recomienda seguir una organización clara basada en los cuatro bloques de los “Estándares Europeos de Información sobre Sostenibilidad” (ESRS, por sus siglas en inglés): información general, medioambiental, social y de gobernanza.
  • Accesibilidad y coherencia. La información debe ser fácil de entender y estar perfectamente conectada y coordinada con la información financiera o cualquier otra información corporativa.
  • Indicadores clave (KPIs). Es necesario una mejora en aspectos como la comparabilidad, la explicación de su evolución o la transparencia en las metodologías de cálculo.
  • Acción climática. Necesidad de un mayor detalle de los desgloses relacionados con la huella de carbono —especialmente las emisiones de alcance 3[1]— y los planes de transición climática, indicando medidas y progresos para su cumplimiento.
  • Reglamento de Taxonomía. Mejorar los desgloses de información establecidos en el artículo 8[2] sobre el nivel de vinculación real de la actividad empresarial con los criterios de sostenibilidad ambiental.
  • Control Interno. Optimizar el reporte de los sistemas de control interno para presentar la información de sostenibilidad de manera clara y detallada.

De cara a los informes de sostenibilidad del ejercicio 2025, tanto la CNMV como la Autoridad Europea de Valores y Mercados, en su revisión y evaluación, prestarán atención a tres grandes áreas:

  • Cuestiones relacionadas con el análisis de materialidad bajo los estándares ESRS. Los supervisores pondrán el foco en cómo las empresas identifican y evalúan sus impactos, riesgos y oportunidades significativos, garantizando que el proceso de doble materialidad se aplique con el rigor y la transparencia que exige el nuevo marco normativo.
  • Alcance y estructura. Se requerirá que el informe de sostenibilidad esté coordinado y sea coherente con los estados financieros de la empresa, garantizando que la información se presente de manera clara y ordenada.
  • Planes de transición climática. Se exigirá el seguimiento y la supervisión continua de los objetivos, las acciones implementadas y los resultados obtenidos.

Estas prioridades trazan una hoja de ruta clara para que las empresas refuercen la transparencia, la calidad y la comparabilidad en sus informes de sostenibilidad. El desafío es doble: las empresas ya no solo deben limitarse al cumplimiento normativo, sino que deben acreditar la veracidad y la interconexión de la información reportada.

De esta forma, el informe se convierte en una guía estratégica para consolidar el reporting de sostenibilidad en las empresas aportando valor en tres aspectos clave:

  • Toma de decisiones. Al facilitar que los inversores y grupos de interés dispongan de información clara y contrastada.
  • Confianza institucional. Al reforzar la credibilidad de la información corporativa no financiera.
  • Gestión de impactos y riesgos. Al incentivar la mejora continua ante los impactos y riesgos ambientales, sociales y de gobernanza.

El informe deja clara una premisa fundamental: la sostenibilidad no puede evaluarse de forma aislada. La conexión entre la información financiera y la no financiera será el factor decisivo para determinar la solidez y la credibilidad de las organizaciones.

En conclusión, la supervisión de la CNMV promueve informes de sostenibilidad más claros, exigentes y alineados con los estándares europeos, impulsando la transición hacia un ecosistema empresarial más responsable y sostenible.

Ahora, la gran pregunta es: “si mañana el reporte dejara de ser obligatorio, ¿las empresas seguirían manteniendo el mismo compromiso en sostenibilidad?” Una cuestión que invita a una reflexión.


[1] Son las emisiones indirectas de la cadena de valor. Por ejemplo: para un fabricante de coches, esto significa medir el CO2 desde la obtención de materiales como el aluminio o el caucho, hasta el uso diario del vehículo por el conductor y su reciclaje final.

[2] Dicho artículo se refiere a la “Transparencia de las empresas en los estados no financieros”.

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