A la hora de realizar inversiones en activos internacionales, no debemos de preocuparnos tan solo por la rentabilidad del propio activo, sino por el efecto que el cambio en el precio de las divisas infligirá sobre nuestra rentabilidad final.
Imagina que eres un inversor europeo que invierte en acciones norteamericanas, por ejemplo, Apple. Tu rentabilidad vendrá condicionada por la cotización del activo, no obstante, esta está expresada en dólares. Luego para calcular su rentabilidad real en el momento de liquidar la inversión, deberás considerar también los cambios en el valor del euro-dólar (el denominado efecto divisa).
Gráfico elaborado con Python a partir de datos de Yahoo Finance.
El tipo de cambio entre dos divisas no es sino el precio de una en términos de otra: la cantidad de dólares (o euros) que debo entregar para obtener un euro (o dólar). Estos se caracterizan por no ser totalmente estables en el tiempo, experimentando cierta fluctuación.
Existen multitud de factores que afectan al valor de cotización de una divisa, pero posiblemente el más relevante sean los tipos de interés (o la expectativa sobre estos). Unos tipos de interés relativamente altos atraerán capital extranjero (las inversiones ofrecerán una mayor remuneración en el país en comparación a otros), mientras que unos tipos de interés relativamente bajos reducirán la entrada de capital (ofrecen menor remuneración).
Las divisas, al igual que cualquier otro activo, se rigen por la oferta y la demanda: Si aumenta la inversión en un país, aumentará también la demanda de su moneda, ya que los inversores necesitarán adquirirla para comprar activos denominados en ella. En consecuencia, el incremento de la demanda presionará al alza su tipo de cambio frente a otras divisas.
Es precisamente aquí donde entran en juego las decisiones de bancos centrales como la Reserva Federal o el Banco Central Europeo, cuyos movimientos en los tipos de interés pueden alterar significativamente los flujos de capital internacionales y, con ello, el valor de las monedas.
Aunque esta volatilidad adicional puede jugar a nuestro favor en determinados momentos, también introduce un riesgo adicional a nuestra inversión que nada tiene que ver con la calidad del activo en el que invertimos.
Un inversor adverso al riesgo puede preferir eliminar esa fuente de incertidumbre. Por suerte existe un medio para ello: la cobertura de divisas.
La cobertura de divisas permite eliminar —total o parcialmente— el impacto de las fluctuaciones del tipo de cambio sobre la rentabilidad de la inversión. De este modo, el inversor queda expuesto únicamente al comportamiento del activo subyacente y no a las variaciones de la moneda en la que esté denominado.
La forma más habitual de realizar esto es mediante un contrato de futuros de divisas. La lógica es sencilla: si al invertir en Estados Unidos es como si comprara dólares hoy, puedo al mismo tiempo firmar un contrato con un tercero que me garantice el tipo de cambio al que los venderé en el futuro.
De esta manera, elimino la incertidumbre sobre el tipo de cambio final.
En la práctica, el inversor minorista no suele recurrir a estos futuros directamente. Las entidades financieras suelen ofrecer modalidades de fondos de inversión o ETFs con clase “hedged (h)” (entendidos como “fondos cotizados cubiertos”) que implementan estas coberturas de manera sistemática.
Pese a que implique un ligero sobrecoste en la operación, la cobertura de divisas se presenta como un elemento a considerar para inversores adversos al riesgo, en un entorno de creciente incertidumbre, con cambios recientes en la política monetaria de potencias como Japón y una continua inestabilidad del dólar.
Referencias
Yahoo Finance. (s.f.). EUR/USD (EURUSD=X) – Cotización de divisas. Recuperado el 2 de marzo de 2026
































































