En una entrevista reciente, el filósofo Francesc Torralba decía que en entornos de precariedad, la cuestión por el sentido de la vida se revela casi como una cuestión burguesa, puesto que el propósito es sobrevivir, y, por tanto, no hay tiempo para plantearse qué hacer con nuestra vida, sino que la cuestión central es cómo vivir un día más.
Solo cuando tenemos un mínimo garantizado (qué comer, dónde dormir…) podremos avanzar y preguntarnos cómo vamos a dotar de contenido al segmento entre el nacimiento y la muerte que representa nuestra vida, en palabras de Torralba.
Esta cuestión parece estar presente en el debate filosófico desde hace bastante tiempo, ya que Aristóteles, en su Ética a Nicómaco dice: “Parece también que la felicidad necesita de los bienes del cuerpo, de los bienes externos y de la fortuna; porque es imposible, o en todo caso no fácil, hacer el bien si se carece de recursos”.
Aristóteles deja claro que sin recursos no se puede hacer el bien y, por tanto, no se puede alcanzar la eudaimonía. Por otra parte, en este breve texto, cita, entre otros, los bienes externos, entre los que se encuentran los recursos materiales, en forma de riqueza suficiente. No por una cuestión de lujo o de ostentación, sino porque solo con la suficiente riqueza se podrán realizar otras acciones consideradas como virtuosas (por ejemplo, ayudar a los amigos, ser generoso, etc.).
Es más, ¿se puede ser verdaderamente libre sin tener estas necesidades mínimas cubiertas? No pretendemos responder a esta pregunta, solamente, llegados a este punto, dejar constancia de la pertinencia de la misma.
Y, cuando hablamos de necesidades y sobre todo de cómo satisfacerlas, estamos hablando de gestión financiera personal. Puede parecer algo tangencial a la cuestión planteada hasta ahora, puesto que el tema tratado ha sido más de carácter filosófico, pero realmente, las finanzas tienen un papel fundamental en la vida de las personas, como un elemento que les impulse no solo a evitar la precariedad, sino también a ayudarles a encontrar su propósito vital y alcanzar la felicidad, pues sin unos recursos mínimos, difícilmente se podrá progresar.
La educación financiera, como se ha puesto repetidamente de manifiesto a lo largo de la trayectoria del Proyecto Edufinet —que este año celebra su vigésimo aniversario—, es una herramienta de suma utilidad para todos, que puede tener efectos positivos sobre el bienestar individual de quien se instruye en estas cuestiones y también sobre las personas de su entorno, y que, además, puede actuar como elemento facilitador para el progreso de la persona.
Sin embargo, en España, según una encuesta reciente de Funcas[1] realizada a una muestra representativa de 1.200 personas mayores de edad en mayo de 2025, el 27% de los encuestados declaró que sus conocimientos financieros para tomar decisiones son insuficientes o muy insuficientes. Este porcentaje se incrementa al 31% entre quienes viven en hogares con ingresos inferiores a los 1.500 euros mensuales.
Otra encuesta relevante[2], que se ha estructurado sobre el conocido Big Three[3] en educación financiera, muestra que sólo el 51% de los individuos encuestados ha respondido correctamente a las tres preguntas. Si filtramos por renta del hogar hasta 14.500 euros anuales, este porcentaje desciende hasta el 42%.
El auge de la educación financiera —que se puso de relieve con la crisis financiera global de 2008 y en los años sucesivos— sigue vigente en la actualidad, en un contexto de crecimiento económico, al menos a nivel nacional. Y sigue vigente no sólo por los datos que arrojan las encuestas, sino también por el carácter multidisciplinar que tiene este campo de conocimiento que hace que esté en constante expansión y actualización.
Aun así, a día de hoy, el Proyecto Edufinet sigue manteniendo los mismos objetivos con los que nació en el año 2005, que son transmitir conocimientos relativos al sistema financiero y fomentar la cultura financiera. Con el objetivo de lograr tal fin, se ha publicado recientemente la séptima edición de su Guía Financiera, cuyos contenidos están volcados en el portal web de Edufinet (www.edufinet.com), de tal manera que cualquier persona que esté interesada pueda acceder a ellos fácilmente y de forma gratuita.
En definitiva, aunque ha transcurrido bastante tiempo desde que la educación financiera saltó a la palestra, hoy en día es necesario continuar con la difusión de estos conocimientos dada la importancia que tienen y el nivel general de conocimientos existente en la actualidad. Al fin y al cabo, como dejó claro Aristóteles, la riqueza —aunque no en exceso— es un bien externo necesario para alcanzar la buena vida. Y la educación financiera se convierte en el mejor aliado para generar y mantener la riqueza.
[1] Cuando falta cultura financiera: gestionar la economía del hogar sin herramientas suficientes. Funcas, Dirección de Estudios Sociales, junio de 2025.
[2] Encuesta de Competencias Financieras, Banco de España, 2021.
[3] Se refiere a preguntas utilizadas en encuestas de educación financiera, referentes a los conceptos de inflación, interés compuesto y diversificación del riesgo. Estas preguntas se han convertido en una suerte de estándar internacional en este tipo de mediciones.
































































