De dentro hacia fuera: la clave para construir una cultura corporativa sostenible

Equipo de trabajo en una oficina con plantas, reunido en torno a una pizarra sobre cultura sostenible
Imagen de Estefanía Lorente Aguilera
Estefanía Lorente Aguilera
Integrante del equipo de trabajo del Instituto Econospérides y colaboradora del Proyecto Edufinet

Las empresas que desean crecer de forma sostenible no solo deben alcanzar buenos resultados económicos, sino también crear una cultura responsable e inclusiva. Para conseguirlo, la clave está en la toma de decisiones diarias: saber gestionar objetivos económicos y sociales contrapuestos, manejar las relaciones con los proveedores y clientes o la asunción de responsabilidades en situaciones complejas, entre otras.

La sostenibilidad ya no es solo una tendencia, sino un aspecto que puede formar parte de la estrategia de cualquier empresa al permitir crear entidades más competitivas y capaces de hacer frente a los retos de la actualidad.

La integración de la sostenibilidad en la cultura de una empresa implica que todas las personas que forman parte de la misma conozcan la forma en la que sus decisiones y acciones influyen y repercuten en los objetivos y responsabilidades de la organización. No es necesario convertir a las personas en especialistas en regulación, reporte o impacto para conseguirlo. Si bien, es fundamental tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Compromiso de la dirección. Las personas que ocupan puestos de responsabilidad deben impulsar políticas e iniciativas orientadas a la sostenibilidad, actuando como referentes para el resto del equipo y promoviendo, a través de su ejemplo, la integración de estos principios en la cultura organizacional.
  • Definición de responsabilidades. Cada departamento debe tener claramente identificadas las decisiones que le corresponden, los indicadores que debe controlar y los resultados de los que es responsable.
  • Adquisición de competencias y recursos clave. Es fundamental que las personas cuenten con la formación, los medios y las orientaciones adecuadas para desempeñar sus funciones de manera eficaz. Asimismo, se debe garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a una formación de calidad que favorezca su desarrollo profesional.
  • Evaluación y reconocimiento de los avances. Los progresos deben ser objeto de seguimiento, comunicarse de manera efectiva y recibir el reconocimiento correspondiente, con el fin de garantizar la continuidad de los esfuerzos y evitar que estos se limiten a momentos concretos, como una auditoría o la consecución de un objetivo puntual. Una comunicación basada en el respeto y la comprensión mutua resulta esencial.

De esta forma, para integrar adecuadamente la sostenibilidad en la cultura corporativa es necesario que forme parte de las actuaciones cotidianas de la empresa y no sea percibida como una mera obligación. Esto contribuye a construir organizaciones más sólidas y resilientes, capaces de promover entornos de trabajo éticos y responsables, en los que se priorice el bienestar de las personas y el compromiso social.

Estos aspectos deben traducirse en actuaciones concretas que permitan incorporar la sostenibilidad a la actividad diaria de la organización, como, por ejemplo:

  • Apostar por prácticas laborales responsables, que garanticen condiciones de trabajo justas.
  • Favorecer ambientes laborales respetuosos, que contribuyan al bienestar de los empleados.
  • Incorporar factores ambientales, sociales y de buena gobernanza (ASG) en las decisiones empresariales, teniendo en cuenta sus posibles repercusiones a largo plazo.
  • Poner en marcha proyectos que contribuyan al desarrollo económico, social y al cuidado del entorno.

Cuando estas medidas forman parte de la cultura de la organización, la sostenibilidad deja de ser una actuación aislada y se convierte en un elemento estratégico que aporta valor, fortalece la identidad corporativa y consolida el propósito empresarial.

Las organizaciones que incorporan esta perspectiva en su estrategia pueden obtener diversas ventajas, en concreto destacan:

  • Mayor implicación y motivación del personal, favoreciendo la participación activa de los equipos.
  • Impulso en la toma de decisiones y en innovación, gracias a la diversidad de perspectivas y al intercambio de ideas.
  • Fortalecimiento de la imagen y la reputación corporativa, al proyectar una identidad coherente con sus valores.
  • Mayor capacidad para atraer y fidelizar el talento, creando un entorno laboral más inclusivo.
  • Mejor respuesta ante las transformaciones del entorno social y económico, aumentando la flexibilidad y la capacidad de adaptación de la empresa.

La cultura organizacional influye directamente en la percepción que el entorno tiene de la entidad. Resulta difícil generar confianza entre los distintos grupos de interés cuando existe una continua discrepancia entre el mensaje que la organización transmite y la realidad de sus actuaciones y procedimientos.

Por ello, la sostenibilidad requiere mucho más que declaraciones de intenciones; necesita una actuación coherente, el compromiso del equipo y la voluntad de cuestionar las propias prácticas y decisiones cuando no son acordes a la filosofía de la empresa. Asimismo, exige personas capaces de asumir y trasladar los valores de la organización a decisiones y acciones concretas.

En definitiva, la sostenibilidad de una organización no depende de aquello que afirma representar, sino de sus actuaciones cotidianas y de los criterios que guían cada una de sus decisiones.

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