Aranceles, ¿una gran idea?

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María del Mar Molina Parra
Miembro del equipo de trabajo del Proyecto Edufinet

Arancel es la palabra clave en los últimos días. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) lo define como: “Tarifa oficial determinante de los derechos que se han de pagar en varios servicios, como el de costas judiciales, aduanas, etc., o establecida para remunerar a ciertos profesionales”. Y tiene como sinónimos palabras como tasa, tarifa, imposición o tributo.

La nueva política comercial que ha decidido imponer el actual presidente de los EE.UU. (que no es nueva), está haciendo tambalear el sistema vigente actualmente y está teniendo repercusiones no solo económicas:

1.- Los mercados financieros ya están sufriendo turbulencias con pérdidas de mayor o menor calado en función del país y de lo dependiente que sea de la economía estadounidense.

2.- El dólar se está devaluando. El euro, por ejemplo, ya supera los 1,10 dólares, que no se veían desde hace muchos meses. Salvo momentos puntuales, nos tenemos que retrotraer a 2022 para ver estos niveles.

3.- La mayoría de las potencias afectadas están ya preparando sus contrapartidas económicas (que seguramente serán también en forma de aranceles), y no podemos obviar las posibles repercusiones políticas que las decisiones de ambas partes puedan conllevar.

Entre los primeros análisis que se están publicando ya se está poniendo sobre la mesa que el PIB mundial va a caer, pero que son los propios EE.UUlos qué más pueden perder. Se está hablando de una bajada de más de un 1,5% de PIB estadounidense, frente a entre 0,11% y 0,60% para países europeos.

Y ya no hablemos de la inflación. La subida de costes que suponen estos aranceles acabará llegando al consumidor final en forma de subida de precios. Algo que sucederá, en cualquier caso, y una inflación que ya se empezaba a vislumbrar controlada, puede volver a desbocarse.

Pero también cabe preguntarse si los aranceles pueden tener un efecto positivo. Por ello vamos a ver algunos de los principales hitos de la historia en relación con los aranceles.

La Gran Depresión y la Ley Smoot-Hawley (1930)

Con el objetivo de proteger la industria nacional y evitar la competencia extranjera tras la Gran Depresión, los EE.UU. elevaron drásticamente los aranceles sobre miles de productos importados con la aprobación de la Ley Smoot-Hawley de Estados Unidos, que se aprobó en 1930.

¿Qué supuso este intento?: Pues, en primera instancia, una reducción del comercio internacional, ya que el resto de los países respondieron aumentando los aranceles, lo que contribuyó a la caída del comercio internacional, agravando la crisis económica que se extendió mundialmente.

El Sistema de Comercio Internacional Post-Segunda Guerra Mundial

Tras la Segunda Guerra Mundial, los países intentaron reducir los aranceles y otras barreras comerciales a través de instituciones como la Ronda de GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), que más tarde evolucionó en la OMC (Organización Mundial del Comercio). Esto provocó que se abrieran los mercados globales con un aumento del comercio internacional y, por tanto, crecimiento económico.

La Guerra Comercial de los años 80 entre EE.UU. y Japón

En la década de 1980, Estados Unidos impuso aranceles a varios productos japoneses debido al desequilibrio comercial (mismo argumento utilizado para la implantación actual) y las preocupaciones sobre las prácticas comerciales de Japón. Esto incluyó restricciones en productos como la electrónica, los automóviles y otros bienes manufacturados.

¿Qué pasó en esta ocasión? Pues podríamos hablar de que, en esta ocasión, la política arancelaria permitió a Japón diversificar su comercio y estrategias de producción, lo que benefició a su economía.

Pero no es necesario irnos tan atrás en el tiempo para ver consecuencias de los aranceles. En la anterior “era Trump”, la administración estadounidense ya impuso aranceles a los productos chinos.

¿En qué consistió? Ambos países se implementaron aranceles mutuamente sobre todo en sectores primordiales como la agricultura o la manufactura y llegando a la tecnología.

¿Cuáles fueron las consecuencias? Los costes subieron para las empresas y los precios de adquisición para los consumidores (inflación). El comerció se estancó entre ambos países, lo que afecto al crecimiento de ambas economías.

En definitiva, los aranceles pueden suponer una mejora en el corto plazo para las arcas del país que los impone, pero a la larga son contraproducentes para todas las partes. La historia nos ha demostrado que un libre comercio mejora la actividad económica de los países y esto repercute en los habitantes del mismo, con mejora de los precios e incluso de la calidad debido a la competencia (aunque en algún caso, como hemos visto, supuso una mejora y actualización de la economía de un país).

Pero cabe hacernos una pregunta: ¿merece la pena “enfadarnos” con el resto del mundo por intentar mejorar nuestra balanza de pagos (cosa que, además no está asegurado que pase)?

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