El fraude digital y la ciberseguridad

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Patxi Pedrazo del Pozo
Licenciado en Informática por la Universidad de Deusto. Actualmente trabaja como especialista en Control de Fraude en Unicaja.

En el contexto de la celebración del Día Mundial de Internet el 17 de mayo, analizamos en este artículo la magnitud y el impacto del fraude digital, las buenas prácticas para prevenirlo y la importancia de la ciberseguridad

¿Qué es el fraude digital?

El fraude digital se presenta como una nueva modalidad del fraude tradicional, recurriendo al uso de las herramientas digitales para su comisión.

El fraude tradicional habitualmente implicaba un robo de identificadores físicos como documentos de identidad, pasaportes o la falsificación de firmas, entre otros; con el objetivo de obtener un rendimiento económico, mediante la creación de tarjetas de crédito, compra de dispositivos electrónicos… y se caracterizaba por requerir de un determinado tiempo para cometerse.

El fraude digital o cibernético, aunque persigue el mismo objetivo, funciona de una manera totalmente diferente, ya no recurre a objetos físicos como los carnets de identidad, sino que buscan el robo de datos contenidos en plataformas digitales. Para ello, utilizan estrategias como el phishing, hackeo de cuentas, clonación de tarjetas… Son actos prácticamente inmediatos y que suceden a gran velocidad, a diferencia de los métodos tradicionales.

Son delitos especialmente peligrosos para los afectados dada la magnitud diaria de intentos y la complejidad de detección.

Magnitud del problema: datos y tendencias

Una vez contextualizado esta nueva modalidad de fraude, es importante entender la magnitud que este tiene en la sociedad actualmente.

Solamente en España y en el último trimestre de 2024, se registraron un total de 237.040 delitos cibernéticos, un 10% más en comparación con el mismo período, el año anterior. En esta misma línea, de los delitos cometidos entre enero y septiembre de 2024, el 18,73% fueron cometidos utilizando herramientas TIC, siendo 309.090, ciberestafas.

Para el año 2025, en los primeros meses se observó un incremento de un 40% en comparación con el mismo período en 2024.

Del mismo modo, más allá del número de delitos cometidos con el uso de nuevas tecnologías, es importante ver su impacto. Concretamente en torno al 89% de españoles han sido víctimas de algún tipo de estafa cibernética.

Tipos de fraude digital

El fraude digital puede recurrir a estrategias muy diversas para lograr sus objetivos, podemos destacar las siguientes:

  • Phising:  Uso de mensajes de correo electrónico o de texto que simulan ser empresas legítimas, con el objetivo de que el usuario haga clic en el enlace que se proporciona, para que incluya datos personales o instalar un malware.
  • Smishing y vishing: Suponen una evolución del phishing, para los que se utilizan mensajes de texto con enlaces para que los usuarios incluyan sus datos personales (smishing) o por medio de llamadas telefónicas (vishing).
  • Spoofing: Se trata de una técnica de ingeniería social que recurre a la suplantación de identidad de organizaciones por medio de una llamada telefónica.
  • Carding: En ocasiones, los delincuentes utilizan los datos de tarjetas de crédito que aparecen en filtraciones de datos para hacer compras con estas. Es un método especialmente grave dado que, a menudo, los afectados no son conscientes de que sus tarjetas están comprometidas, y se dan cuenta al ver los cargos ya realizados en las mismas.
  • Compras en línea: En este caso, los delincuentes crean páginas web falsas de tiendas reales, con el objetivo de que los usuarios paguen por productos que o no llegan o no se ajustan a lo acordado. A veces no recurren a la falsificación de páginas web, simplemente promocionan productos con alta demanda a bajos precios en páginas web convencionales.
  • Malware: Los delincuentes engañan a los clientes para instalar aplicaciones maliciosas en los dispositivos, y con ello robar datos personales y financieros.

Impacto del fraude digital

Tal y como se ha comentado anteriormente-, los delitos informáticos muestran un crecimiento exponencial, y tienen alto impacto económico. Estafas digitales como las del Hijo en apuros, por la cual contactan por WhatsApp a los padres para solicitar dinero, contabiliza un impacto millonario, así como las estafas de inversiones, de compraventa, y una que nunca pasa de moda, la estafa sentimental.

Aunque las cifras de afectados individuales son muy amplias, las personas físicas no son las únicas afectadas por el fraude digital. Las personas jurídicas, especialmente las empresas pequeñas y medianas son también a menudo objetivos dentro de estas conductas. De hecho, se estima una pérdida del 7,7% de la facturación de las empresas en el año 2024 como consecuencia de estos delitos cibernéticos.

Buenas prácticas para prevenir el fraude digital

Ser objetivo de estas conductas de fraude digital es prácticamente inevitable. No obstante, existen medidas para prevenirlo y mitigar sus efectos:

  • Uso de contraseñas robustas de más de 12 caracteres, que combinen mayúsculas, minúsculas, números y símbolos.
  • No introducir credenciales de acceso cuando se utilicen redes públicas, y en caso de que sea necesario, utilizar una VPN (Red Privada Virtual).
  • Instalar sistemas de antivirus y antimalware en los dispositivos.
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  • Realizar copias de seguridad de manera frecuente de los datos y archivos
  • Recurrir a páginas web oficiales
  • Mantener los dispositivos actualizados a las últimas versiones disponibles
  • En caso de llamadas de supuesta urgencia o dudas sobre la legitimidad de una llamada o correo electrónico, realizar una verificación de la fuente antes de hacer clic en enlaces o comunicar datos personales.

Conclusión

El fraude digital se presenta como una gran amenaza creciente en nuestra sociedad actual, supone una nueva mecánica con un uso de herramientas digitales y de nuevas tecnologías, para llevar a cabo un fraude tradicional, pero de manera más rápida, más efectiva y a menudo, con un mayor beneficio económico.

Entre los métodos habituales de este tipo de fraude, encontramos los ataques de phishing, spoofing, vishing… Así como el uso de estrategias de manipulación emocional con las nuevas tecnologías, como la suplantación de identidades para hacer creer a los afectados que están estableciendo una relación sentimental con una determinada persona, o fingir un supuesto problema económico de un hijo, para obtener un beneficio económico de los padres o allegados.

Este tipo de delitos genera un gran impacto económico en particulares, así como en la facturación de las empresas, causando pérdidas de millonarias en algunos casos.

Dada la frecuencia y el impacto de estos ataques, es importante adoptar buenas prácticas como contar con programas de antivirus, contraseñas robustas, mantener un control sobre el uso de redes públicas y estar atentos ante cualquier tipo de comunicación inesperada con el objetivo de prevenir y mitigar, en la medida de lo posible, estos efectos.

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