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La organización de la actividad financiera a través de los mercados implica una serie de rasgos singulares, pero quizás el más importante está relacionado con la existencia de información asimétrica: el ahorrador/inversor tiene mucha menos información que el emisor acerca de los riesgos de los instrumentos financieros. Por tanto, quien desee invertir en títulos debe realizar un esfuerzo para recopilar información, así como para hacer un seguimiento de la situación económica del emisor. Además, el ahorrador/inversor deberá afrontar los costes que origine la realización de la transacción. Asimismo, deberá tener muy presentes las condiciones financieras y de plazo de la operación.

Aunque la existencia de mercados organizados, transparentes y con un alto volumen de transacciones mitiga en parte los costes para el ahorrador/inversor, la elevada magnitud de los costes señalados puede convertir en inviable la realización de ciertas operaciones financieras, expulsando a ahorradores/inversores del mercado, especialmente a los más pequeños, reduciendo, por tanto, el potencial inversor de la economía.