Un benchmark es un índice que se utiliza como referencia para valorar si la gestión de una cartera de inversiones ha sido correcta o no, bajo un análisis comparativo de rentabilidad y riesgo.

Si la rentabilidad se queda por debajo de ese índice, quiere decir que el gestor de esa cartera de inversiones no ha logrado obtener la rentabilidad que está ofreciendo el mercado de valores; si está por encima, quiere decir que el gestor ha logrado, con su estrategia, obtener una rentabilidad superior a la que está ofreciendo dicho mercado.

Utilizar un índice benchmark, por tanto, es básico no sólo para el propio gestor, sino también para el inversor, ya que servirá como control de la magnitud comparativa de los rendimientos obtenidos, así como de medida de eficiencia en la gestión en función del riesgo asumido medido por la volatilidad de la cartera en comparación con la del índice.

Así, por ejemplo, el ÍBEX-35 puede servir al inversor español como benchmark para conocer la rentabilidad y la eficiencia de la rentabilidad de una determinada cartera de valores españoles.

Ejemplo: en el cuarto trimestre de un año, el valor de una cartera de valores aumenta un 10% y el ÍBEX-35, un 8%. En este caso, la cartera de valores ha logrado batir al ÍBEX-35, al lograr una revalorización superior. Por otro lado, a través de alguna medida de volatilidad (que refleja la variabilidad de las cotizaciones de los valores a lo largo del tiempo) puede saberse si la cartera es más estable en sus valoraciones y, por tanto, si está sujeta a mayores o menores oscilaciones que el ÍBEX-35.