El precio es el resultado de una transacción concreta sobre un bien o derecho, en unas circunstancias también concretas, afectándole en su fijación determinados factores exógenos y circunstancias relacionadas tanto con el comprador como con el vendedor.

Sin embargo, el valor de una empresa viene definido fundamentalmente por la aplicación al negocio de determinadas hipótesis, que no necesariamente son las que concurren en la determinación del precio efectivamente pagado.

Así, cuando un comprador tiene un marcado interés estratégico, puede estar dispuesto a incrementar notablemente el precio a pagar por un negocio. Esto no significa, sin embargo, que el valor de mercado de dicho negocio no pueda ser mucho menor, como consecuencia de que el conjunto del mercado no tiene el interés especial mencionado.

Ejemplo: las acciones de una sociedad cotizan en el mercado a un precio unitario de 10 euros por acción. Un inversor puede estar dispuesto a ofrecer un precio superior, por ejemplo, 12 euros por acción, para hacerse con el control de la sociedad, por su carácter estratégico. El precio que está dispuesto a pagar es superior al valor de mercado.