Las personas interesadas en realizar operaciones de compra o de venta de acciones cursan las correspondientes órdenes a las entidades gestoras de sus carteras de valores. Hay distintas modalidades de órdenes en función de las condiciones de precio fijadas por los ordenantes.

Para operar directamente en acciones, el inversor deberá dirigirse a una institución financiera que facilite dichos servicios de inversión, prestando especial atención a los distintos tipos de comisiones y corretajes que incorpora dicha actividad y que pueden mermar sensiblemente la rentabilidad final.

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