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Supongamos que estamos a finales del año 2018 y queremos planificar nuestros ingresos y gastos para el año 2019:

Ingresos

  • Lo primero que necesitamos es conocer con qué recursos finalizamos el ejercicio del año 2018: con qué activos contamos y qué obligaciones de pago tenemos pendientes.
  • Es importante poder concretar el valor de los activos, y si se trata de activos líquidos, es decir, si tenemos la posibilidad de venderlos en condiciones normales, con arreglo al precio o valor de referencia, sin tener que incurrir en grandes pérdidas. Así sabremos si tenemos posibilidades de utilizar todo o parte de los fondos acumulados, en caso de que se trate de activos de los que podamos desprendernos.
  • A continuación debemos relacionar las entradas de dinero previstas a lo largo del año, con indicación de la fecha de cobro efectivo en cada caso: sueldo, intereses de depósitos, dividendos de acciones, prestaciones sociales, etc.
  • Es básico computar las cantidades por su importe neto de retenciones a cuenta del IRPF y de cotizaciones sociales, ya que tales cantidades netas nos indican el dinero realmente percibido y que podemos utilizar inmediatamente.
  • No podemos perder de vista que cuando, a mediados del año siguiente, rindamos cuentas a la Hacienda Pública, es posible que tengamos que desembolsar alguna cantidad adicional o, en su caso, recuperar parte de las retenciones ya pagadas. Se tratarían de salidas o entradas de dinero a computar en el presupuesto del año siguiente. En el ejercicio presente hemos de prever lo que corresponda por el IRPF del año anterior.

Gastos

  • Primero hay que determinar los gastos que tendremos que afrontar a lo largo del año, que, como es bien sabido, responden a una amplia gama: alimentación, bebidas, ropa y calzado, alquiler de la vivienda o cuota del préstamo hipotecario, cuota de la comunidad de propietarios, agua, gas, electricidad, Internet, telefonía, seguro de hogar, seguro de automóviles, cuota diferencial del IRPF del ejercicio anterior, impuesto sobre bienes inmuebles, impuesto sobre vehículos de tracción mecánica, gastos de transporte, carburantes, educación, sanidad, deporte, cultura, ocio, reparaciones...
  • En segundo lugar, hay que reservar alguna partida para gastos imprevistos. Por mucho que extendamos la relación de gastos, es difícil que en la práctica no nos topemos con algún gasto con el que no contábamos.
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