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Los países que pertenecen a la Unión Monetaria Europea han renunciado a desarrollar una política monetaria propia y autónoma, cediendo esta facultad al Banco Central Europeo, que es la institución que tiene la capacidad de fijar el tipo de interés en dicho ámbito, atendiendo fundamentalmente al objetivo de estabilidad de precios. Consiguientemente, el Banco de España carece de dicha capacidad.