Dicha denominación se aplica cuando un título de renta fija no ofrece un cupón periódico mediante el que se abona el interés previsto. En tal caso, el título es de rendimiento implícito: la rentabilidad no se obtiene a través de un interés explícito, sino mediante la diferencia entre el valor pagado en la compra y el valor obtenido en el momento de la amortización. Así, por ejemplo, un bono con un valor nominal de 1.000 € tiene un precio de suscripción de 900 €. En el momento de la amortización, el inversor obtiene el valor nominal, con lo que el rendimiento obtenido será igual a: 1.000 – 900 = 100 €.