La ventaja consiste en poder aplazar el pago del IRPF por la plusvalía acumulada hasta el momento en que se produzca un reembolso definitivo. Cualquier aplazamiento de un impuesto representa una ventaja para el contribuyente (siempre que no conlleve, como ocurre en este caso, ningún coste), ya que, en cierto modo, equivale a disfrutar de un préstamo sin interés. Además, el hecho de que no haya que pagar impuesto en caso de reinversión implica que se puede reinvertir todo el importe obtenido sin la merma del impuesto correspondiente.