La acepción habitual de cash flow lo identifica con los recursos generados por la empresa, que vienen dados por la suma del beneficio neto, las amortizaciones y las provisiones. Representa el flujo de dinero que genera la empresa en un ejercicio, la suma del efectivo que se obtiene. Incluye no sólo el importe del beneficio neto o excedente, sino también otras partidas que, aunque hay que dedicarlas para reponer el capital o cubrir riesgos, de momento están disponibles para la empresa.

El cash flow se puede obtener, por tanto, a través de la siguiente expresión:

Cash flow = Resultado neto + Amortizaciones + Provisiones

El beneficio neto se obtiene una vez que se han deducido una serie de conceptos (amortizaciones y provisiones) que, aunque son gastos para la empresa, no generan salida de dinero, al tratarse únicamente de apuntes contables.

Las amortizaciones representan la pérdida de valor que va sufriendo todos los años el inmovilizado de la empresa (edificios, instalaciones, maquinarias, vehículos de transporte, equipos informáticos, etc.) debido a su uso, a su obsolescencia, etc.

Las provisiones representan la pérdida de valor que en un momento concreto puede sufrir algún elemento del activo, por ejemplo, existencias que se han deteriorado.

Aunque el cash flow es el indicador más comúnmente utilizado para medir la capacidad de generar dinero de una empresa, no se debe olvidar que está suponiendo que todo lo que se vende se cobra y todo lo que se compra se paga. Si no se cobra lo vendido, la empresa tendrá un cash flow positivo pero será incapaz de atender sus compromisos de pagos.