La posibilidad de utilizar el dinero durante un tiempo es un bien (más correctamente, un servicio) en sí mismo, del que puede derivarse utilidad, como poder hacer frente a pagos para los que no tenemos recursos en la actualidad, para realizar la compra de bienes de cuantía elevada, etc. Como todos los bienes o servicios que son escasos, la utilización del dinero está sujeta a un precio, que es el tipo de interés.

El tipo de interés se utiliza para calcular el coste de un préstamo o crédito para el prestatario del mismo (es decir, cuánto vamos a pagar por disponer del dinero que recibimos de una entidad) o el rendimiento que nos va a reportar el capital que depositemos en un banco, que invirtamos en bonos u otros títulos bajo unas determinadas condiciones.

Se expresa como un tanto por ciento del capital prestado por la entidad o depositado por el cliente y normalmente hace referencia a un periodo de un año.

Ejemplo: Si nos conceden un préstamo de 1.000 euros con un interés del 6% anual, durante este periodo deberemos abonar al banco 6 euros por cada 100 prestados. En este caso, pagaríamos un total de 60 euros durante el primer año. En este ejemplo se ha supuesto que no se ha pagado ninguna cantidad para devolver (amortizar) parte del importe del préstamo.