El ahorro es la diferencia entre los ingresos corrientes y los gastos corrientes. Si la diferencia es positiva, la unidad económica de que se trate puede acumular unos recursos que le permitirán financiar el coste de las inversiones que necesita realizar en bienes de equipo o inmuebles, o bien adquirir activos financieros con los que obtener una rentabilidad.

Desde otro punto de vista, el ahorro es la diferencia entre la renta disponible, es decir, el conjunto de los recursos de los que dispone una unidad económica para gastar, y el gasto en consumo final.

Para hacernos una idea de lo que se denomina ahorro, es conveniente centrarse en un ejercicio económico, normalmente coincidente con un año natural. Una unidad económica tiene, a lo largo del ejercicio, una serie de ingresos corrientes, es decir, aquellos que tienen un carácter ordinario y recurrente, así como un conjunto de gastos corrientes, que se circunscriben al ejercicio y que asimismo tienen un carácter recurrente.

A la hora de juzgar la sostenibilidad de la situación económica de una familia, de una empresa o de una administración, es de enorme trascendencia que tenga capacidad de ahorrar; si los ingresos corrientes no bastan para cubrir los gastos corrientes, es muy probable que se llegue a entrar en una situación delicada.