Consideremos el caso de una empresa que recibe una concesión para gestionar el uso de una determinada autopista de peaje. A la hora de hacer sus previsiones financieras, la empresa tendrá una estimación de ingresos y gastos a lo largo de la vigencia de la concesión. ¿Cómo determinar la rentabilidad de esa operación?

En este tipo de situaciones, nos encontramos con una gran cantidad de ingresos y de gastos en múltiples momentos temporales y que, por lo tanto, no se pueden considerar homogéneos. Para hacer una comparación homogénea necesitamos desplazar todos los capitales al mismo momento de tiempo (por ejemplo, el origen de la operación). Para un tipo de interés dado con el que efectuar dicha traslación, nos podemos encontrar con tres situaciones distintas:

  • El valor de la suma de los ingresos llevados al momento inicial supera el de los gastos.
  • El valor de la suma de los ingresos llevados al momento inicial es inferior al de los gastos.
  • El valor de la suma de los ingresos llevados al momento inicial es igual al de los gastos.

Pues bien, el tipo de interés para el que se da esta última situación se denomina tasa interna de rentabilidad o de retorno (TIR), y es el que iguala los flujos (corrientes) de ingresos y gastos de una operación financiera. Nos indica la rentabilidad que se consigue si se realiza el proyecto de inversión.