A continuación se exponen otros aspectos relevantes en el contexto de las relaciones banca-empresa:

1.- Plan estratégico de las empresas:

En el momento actual, en el que los modelos de gestión del pasado están en entredicho, se hace necesario que todas las empresas revisen sus objetivos y sus medios para conseguirlos.

Es importante que las entidades financieras conozcan de boca de los empresarios sus planes estratégicos y cómo se están adaptando a ese nuevo entorno para diseñar de manera conjunta nuevas estrategias de financiación.

2.- Diversificación del riesgo:

Las entidades financieras son más proclives a compartir los riesgos del cliente y a que las empresas diversifiquen sus fuentes de financiación entre distintas entidades.

3.- Gestión del tiempo:

El servicio de banca por Internet permite reducir tiempo y coste para ambas partes, por lo que puede jugar un importante papel complementario en las relaciones y comunicaciones entre las empresas y las entidades financieras.

4.- Elección de los productos financieros adecuados:

A la hora de financiar la compra de un bien, debe encontrarse el producto financiero adecuado con objeto de que la vida útil del bien financiado coincida con el plazo del préstamo. De lo contrario, se podría estar pagando la carga financiera de un bien que se hubiese tenido que dar de baja por obsolescencia técnica o por haberse agotado su vida útil.

5.- Enfoque proactivo y colaborativo para la solución de dificultades:

La relación banca-empresa es una relación que debe ser duradera y sincera, ya que, de alguna manera, los problemas de una parte afectan a la otra y viceversa. Así, si una empresa prevé que va a tener problemas en un futuro para atender sus compromisos de pago, es aconsejable que informe de ello a su entidad financiera para que, con tiempo y de forma consensuada, se busquen alternativas de refinanciación y solución a los problemas existentes.

6.-Visión global del cliente:

Las entidades financieras valoran positivamente la existencia de una vinculación multiproducto y contemplan las relaciones con sus clientes de una manera global, teniendo en cuenta su cuota dentro del negocio total.

Ejemplo: El cliente A tan solo tiene un plazo fijo de 30.000€ con una entidad financiera, mientras que el cliente B tiene un préstamo de 10.000€, una libreta con 10.000€ y un plan de pensiones de 10.000€. Ambos tienen posiciones por un total de 30.000€, pero el segundo tiene más productos con su entidad financiera y, por lo tanto, una relación comercial más profunda.

7.- Entorno cambiante y acceso al crédito:

Recientemente hemos asistido a un proceso de cambio radical en el mercado financiero que ha incidido en los modelos de aprobación de operaciones crediticias y, en general, en la gestión del riesgo. Este entorno cambiante ha originado una exigencia de mejor conocimiento del cliente y valoración realista de las condiciones para la aprobación de operaciones de crédito.

Por otro lado, las relaciones entre una empresa y una entidad financiera pueden surgir por distintas vías:

  • Oferta/demanda de un producto o servicio específico para cubrir una necesidad concreta en un momento dado. Se inicia a instancias de una de las dos partes, estableciéndose el contacto sobre la base de distintos criterios: comerciales, de precio, de vinculación o de cuota de presencia, básicamente.
  • Oferta/demanda de productos y servicios específicos necesarios para que una empresa pueda cubrir todas o parte de sus necesidades financieras, entre los que puede seleccionar los más convenientes o favorables en cada momento.

Suele partir habitualmente de una oferta comercial realizada por una entidad bancaria a las empresas de un determinado sector en el que desea ampliar su cuota de penetración. Se materializa en una oferta de los productos y servicios que la entidad entiende más adecuados para atender las necesidades concretas de las empresas a las que la dirige, junto con una propuesta de precios preferenciales con validez durante un plazo.

  •  Convenio de relaciones financieras banca-colectivo de empresas.

Se trata quizás del instrumento más potente de relación entre una entidad bancaria y un colectivo de empresas (asociación gremial, de zona o federación de empresarios), cuyos representantes llegan a un acuerdo integral de colaboración financiera a cambio de unas compensaciones concretas y de una oferta de productos y servicios adecuados al colectivo asociado a precios preferenciales durante el plazo que dura el acuerdo.

La oferta financiera recogida en el acuerdo suele ir dirigida a la entidad asociativa, por una parte, y a los asociados y empleados de ésta, por otra.