Estar en disposición de desarrollar una actividad empresarial exige, naturalmente, dar una serie de pasos con objeto de que, a partir del día elegido, la empresa esté en condiciones de comenzar a operar en el mercado. Los aspectos a considerar en esta fase de preparación son, entre otros, los siguientes:

  1. Local: el empresario puede decidir adquirir en propiedad el local donde va a ejercer su actividad o, por el contrario, alquilarlo. En el primer caso puede recurrirse a la financiación hipotecaria. En el del alquiler, puede que sea necesaria la presentación de aval que garantice el pago de las rentas, así como depositar una fianza por el importe de dos mensualidades del arrendamiento.
  2. Obras de adaptación del local: pueden enmarcarse dentro de la financiación de la adquisición del inmueble.
  3. Bienes de equipo: en el momento de inicio de su actividad, la empresa necesitará contar habitualmente con determinados bienes de equipo, que utilizará a lo largo de varios ejercicios, y que formarán parte de su inmovilizado material: ordenadores, instalaciones, vehículos, maquinaria, etc. La empresa puede optar por realizar operaciones de leasing, renting o por la compra de dichos elementos. En este caso, lo normal será recurrir a préstamos con plazo de amortización adaptado a la vida del elemento patrimonial.
  4. Empleados: la empresa deberá estar dada de alta en la Seguridad Social y tener en regla los contratos de los empleados, en el marco de la legislación laboral vigente. Posteriormente, la empresa deberá liquidar las cotizaciones sociales a cargo del empleador y detraer de la nómina de sus empleados, e ingresar en la Seguridad Social, las que corresponden a los trabajadores. La obligación de cotización también se extiende a los trabajadores autónomos. Por lo que se refiere a las cotizaciones sociales detraídas, al igual que en el caso de las retenciones a cuenta del IRPF, la empresa puede disponer de sus importes hasta el momento del ingreso en la Administración.
  5. Licencias y permisos de los organismos públicos competentes: en algunos casos, la empresa puede verse obligada a presentar algún aval o a depositar una fianza para el ejercicio de determinadas actividades.
  6. Servicios básicos: el funcionamiento de la empresa exige también, lógicamente, la contratación de una serie de servicios básicos: agua, electricidad, gas, teléfono, Internet, etc. La empresa deberá proceder a darse de alta en tales servicios.
  7. Suministro de bienes corrientes y servicios: es muy posible asimismo que, antes de iniciar propiamente su actividad, la empresa haya tenido que contratar el suministro de ciertos bienes corrientes y servicios necesarios para poder desarrollar dicha actividad.
  8. Seguros: es probable que la empresa haya de contratar algunos seguros (por ejemplo, sobre el local donde ejerce su actividad, sobre los vehículos, de responsabilidad civil, etc.).