En primer lugar comienzan recopilando una gran cantidad de información sobre la entidad que desean calificar. Por un lado, se analizan los aspectos económicos-financieros como son los balances, cuenta de pérdidas y ganancias, etc., y, por otro, información de mercado como puede ser la situación en la que opera, historial de cotizaciones, etc. 

Dicha información, es complementada con entrevistas y encuentros con el personal directivo de la entidad emisora y una vez recabados e interpretados los datos, se emite una calificación en forma de código alfanumérico y cada una de las distintas agencias utiliza su propio código. 

Además de lo anterior, hay que tener presente que las agencias de calificación, califican emisiones y no emisores, por lo que ha de identificarse previamente a la obtención de la calificación la emisión  que se pretender calificar. Una vez tenido en cuenta lo anterior, el siguiente paso consiste en preparar la documentación relativa a la emisión a calificar, que podrá incluir una descripción del valor a calificar así como un informe sobre la situación financiera del emisor. 

Por último, la agencia de calificación elabora mediante un informe la calificación definitiva que otorga a la emisión, pudiendo esta ser aceptada o rechazada por el emisor.  

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